Comenzamos con una mañana algo movida, ya que tuvimos algunas complicaciones con el transporte público. Todo empezó cuando fuimos a una parada de ómnibus que finalmente estaba fuera de servicio. Luego nos dirigimos al metro, donde nos demoramos un poco en sacar los boletos, pero finalmente pudimos comprarlos y continuar el recorrido.
Corrimos por las calles de París, entramos en otra estación y nos dimos cuenta de que el boleto ya no nos servía. Hablamos con una de las personas que trabajaba allí y, muy amablemente, nos dejó pasar sin tener que pagar nuevamente. Después tomamos otro metro, pero descubrimos que íbamos en la dirección equivocada. Al darnos cuenta, salimos rápidamente del vagón, nos dirigimos hacia el otro lado de la estación y tomamos el metro correcto.
Finalmente, llegamos al punto de encuentro con la guía que nos acompañaría durante el walking tour. Ella también era uruguaya, lo que nos hizo sentir más cómodos y un poco más cerca de casa. Por cuestiones de tiempo, el recorrido tuvo que ser más corto, aunque fue igualmente muy completo.
Durante el tour visitamos algunos lugares históricos de la ciudad, como la catedral de Notre-Dame, el Pont Neuf y el reloj más antiguo de París. De todos los sitios que conocimos, la calle más estrecha de la ciudad fue uno de los que más nos llamó la atención. La guía nos explicó que estas calles todavía se conservan y forman parte del Barrio Latino, llamado así porque, siglos atrás, las personas de esa zona hablaban latín, un idioma utilizado principalmente por las élites y los estudiantes.
El recorrido terminó en los jardines del Museo del Louvre, edificio que en sus orígenes fue una fortaleza.
Rápidamente, tomamos un ómnibus turístico que recorría gran parte de la ciudad y en el que estuvimos durante bastante tiempo. Nos bajamos cerca de la Torre Eiffel. El plan principal era subir y realizar el recorrido, pero, debido a las altas temperaturas, se habían tomado algunas medidas de seguridad, entre ellas el cierre de las puertas a determinada hora.
Esto complicó un poco nuestro itinerario, pero logramos resolverlo rápidamente. Decidimos dividirnos en grupos e ir a comer a diferentes restaurantes, todos ubicados en la misma cuadra. Luego caminamos hasta el río Sena para realizar un crucero. Fue muy divertido observar la ciudad desde otra perspectiva, aunque la hora, el calor y el sol hicieron que la experiencia resultara un poco abrumadora.
Más tarde, fuimos en ómnibus hasta una galería que tenía un mirador desde el cual pudimos contemplar la ciudad desde las alturas. Allí tuvimos un poco de tiempo libre y, después, fuimos a cenar todos juntos a Five Guys, un lugar en el que cada euro valió la pena.
Para finalizar el día, realizamos una reunión para organizar las actividades de la jornada siguiente y volvimos en metro al hotel, donde pudimos descansar para retomar el recorrido por la mañana.
Maite

